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31 de agosto de 2010

Tomado prestado del blog "Soltá ese cuchillo, Mabel"

Tectónica de los cuerpos

"Tienes que entenderme, esto va a tomar un tiempo. Y es que cuando el deseo es profundo como un océano, es solamente normal que los sentimientos se desplacen en tiempos geológicos. Pero, nena, si algún día finalmente friccionamos, créeme: tu mundo va a temblar""

http://elladobdelascosas.blogspot.com/2010/08/tectonica-de-los-cuerpos.html

Dolor de lunes

Ya no quedaba la risa. Una mancha negra subía por su pecho encogido. Una lágrima tatuada como un Pierrot.
En la penumbra se deslizaban sus males hasta las manos y ya no podía oír, no quería escuchar la decisión que no había tomado.
Cerró los ojos agotada de pensar y en medio de un café se sintió abandonada e injusta con su propio ser.
¿Qué quería enseñar si no lo había aprendido? Las voces de otros se entremezclaban con su propia voz.
Silencio! pero el grito quedó ahogado en la garganta junto con todas las cosas que había repetido una y otra vez, ahora sin esperanza.
Tratar de entender le hacía poner las manos en puño. Quería que alguien entendiera lo que sentía. Qué no era tan fácil, que el horror la contemplaba en cada sílaba que
enlazaba con otra intentando formar el discurso preparado, modificado, releído y sentido en pena tantas veces.
Sintió que el rompecabezas se deshacía de pieza en pieza y que era demasiado alto el precio por el amor. Demasiado alto el amor incondicional para tan poca devolución.
Recordó sus palabras y el enojo cegó cualquier otro sentimiento.
Vos me hacés daño!
Y después no supo continuar lo irreversible.

26 de agosto de 2010

Ataque de Sueño

El sueño espera agazapado desde el inicio del día en el huequito de la nuca esperando paciente hasta el preciso momento en que los párpados bajan la guardia y sin que puedas evitarlo te atesta un golpe certero produciendo el temido choque de la cabeza con lo que tengas adelante.

25 de julio de 2010

Los pies volveran a saber cómo no es tropezar... Para Andrea.


Sus manos dijeron lo que su boca callaba mientras pintaba sus labios de rojo. No poder decirlo gritando acentuó el modo en que arregló su cabello. Los ojos verdes prendidos aún conservaban la tristeza pero realzaban su determinación. No más. Se hinchó su pecho como de aire contenido pero no era eso. El espejo le devolvía una imagen conocida, un recuerdo que volvía a repetirse en sensación. Delineó suavemente sus ojos. Un poco de rimel para aumentar las pestañas. Para agregar nitidez a sus decisiones. No había nada más que pintar, ni arreglar sin embargo necesitaba quedarse un poco más apreciando la mujer que crecía a espaldas del espejo. La punta de los dedos fríos se apoyaban en el centro de su palma casi en un puño, casi en una garra.
Aspiro profundo y contuvo un instante el aire mientras levantaba los brazos sobre su cabeza. Sería como luz pura saliendo de sus poros, llenando la oscuridad hasta aclararlo todo, hasta poder ver lo que había oculto, lo que su propia realidad venía negando. Saldría en forma de furia de vendaval. Sería tormenta. Rayo. Tempestad. Luego, el mar sería su cuna. Descansaría en el barco de papel que una vez hizo distraída. Sería sonrisa, canto! Miraría sus marcas como tatuajes y los llenaría de rosas, de estrellas! Estará viva!
Sonrió. Posó su mano y acercándose despacio besó sus labios en el espejo.

19 de mayo de 2010

Maestros

Un viento surgió furioso, un vendaval, un remolino moviendose sin pausa. En algún lugar una llama se creó de un rayo que anticipaba una tormenta. El viento expandió la llama sobre la tierra y el fuego inició su danza. Las pasturas quedaron negras, no agonizaban, solo despedían las malezas viejas y gastadas de la tierra. La lluvia llegó al fin como agua fresca, como un alivio de sed y fuerza. Desde lejos las esporas de flores enormes flotaban en el aire sacudidas aquí y allá hasta caer rendidas en la húmeda negrura de la tierra. El astro Rey lo iluminó todo, su calor abrasivo se expandió de lleno sobre los campos. Las flores crecieron en el verde intenso con que se vistió la tierra que agradeció el calor del fuego, que beneró la paz del agua, que dejó llevar su mensaje por el viento donde en otro lugar, la vida renacía, otra vez.

14 de mayo de 2010

Muchas golosinas antes de dormir

Me acerqué a la ventana y ví la gente en la playa. Unos chicos pequeños jugaban en la arena, otros, metidos en el mar,chapoteaban y salpicaban agua dando saltos y gritos.Una típica escena de verano. Las señoras poniéndose bronceador, el hombre con los brazos en jarra remojando los pies en la orilla, el olor de la brisa salada llenando mis pulmones. Sonreí, el sol me iluminaba la cara y calentaba mis mejillas.
Giré la cabeza hacia el otro lado, todavía sonriente, placentera de esa imagen que uno disfruta cuando no hay tiempo, cuando no hay otra preocupación más que el sol sea generoso y se quede hasta tarde. No encontré el paisaje que esperaba, no había gente cargada con sombrillas y biandas para pasar el día, no había nenes compitiendo por ver quién llega primero al agua, ni el heladero comenzando su jornada, opacando toda situación posible, desde atrás del edificio más alto, allá a lo lejos, el terror se materializó en una enorme, gigante, imponente ola. Miré dos veces,era imposible, era absolutamente improbable. No estaba en una película, no era la protagonista del último film de tragedias naturales anticipando el fin del mundo. Eso, no podía ser real. Miré de nuevo la playa, el agua serena, la gente siguiendo sus rutinas de diversión. ¿De dónde venía esa ola? ¿Cuántos kilometros había recorrido? ¿Con cuánta vida había arrazado? La piel se heló. La sangre. El corazón detenido. Los chicos, susurré. Giré sobre mis talones con la imagen de esa magnífica masa de agua turqueza y espumosa que iba a acabar con todo. Mientras bajaba los dos pisos que me separaban de la planta baja a tropezones intentaba dilucidar cómo nos salvaríamos de tal catástrofe. Llegué finalmente a la puerta de entrada del edifició en lo que me pareció una eternidad. Salí con los brazos en alto, sacudiendo las manos, corriendo hacia la escena pacífica de un momento atrás. No escuché mis gritos, no vi la gente correr ni desesperarse.Un poste de lo que alguna vez fué un muelle, llevaba atado una soga, una larga soga. La ola venía, no tenía tiempo. No iba a tener tiempo. Empecé a desenredarla del poste percurdido por años de agua. Necesitaba atarmelo en la cintura, si la ola venía podría flotar hasta la superficie. El miedo entumecía mis dedos y no podía pensar con claridad. Necesito más soga. Desaté nuevamente el nudo en mi cintura con tal rapidéz y violencia que me sangraron la yema de los dedos. Tengo que flotar o me ahogo,tengo que flotar. Tienen que atarse, grité. Lo grité muchas veces, con desesperación. Más cerca, un edifico se hacía escombros producto del choque de la ola furiosa. No va a aguantar. Se va a cortar la soga. Me voy a ahogar. Me agarré al poste con todas mis fuerzas, apreté los ojos y rogué que la soga fuese lo suficientemente larga, que el poste estuviese lo suficientemente clavado, que tuviese la suficiente fuerza. Luego, sielencio. Nada.
Abrí los ojos con temor y sin poder salir de mi asombro ví como el agua cristalina se escurría por mis pies medio enterrados en la arena. Estaba fría, como el agua del mar. Me quedé mirando hacia donde momentos atrás,se aproximaba mi muerte, sin entender, con la soga atada a la cintura y las risas de los chicos chapoteando en la orilla.

11 de abril de 2010

24 de Marzo - Escrito por mi mamá en su blog " La brisa de la vida"

El pasado 12 de marzo al fin, la impotente pena logró matar a Juan.
A ella, no. La vida la despedaza pero no consigue morirla. Aunque ya no importa.
Se ha puesto aquel vestido floreado de hace treinta y dos años y, con un poco de arte, ha soltado el rodete y recortado su cabello casi como en aquel tiempo. Casi.
Espía el sol y el reloj. Ya casi es la hora.
Piensa un momento si lleva todo lo que necesita. Revisa su cartera: sí, está todo. El pañuelo no, hoy va sin pañuelo.
Antes de salir, se mira al espejo y sonríe. Hoy es, de verdad, una vieja loca.

En la plaza camina con la agilidad de entonces. Sabe cuál es su cometido y ha tomado todos los recaudos para lograrlo.
Pronto lo divisa cerca de "ella" y del escenario. Va hacia él y lo mira tranquila, segura de que detrás de aquellos anteojos oscuros está "esa" mirada. Por un momento, se sorprende de haber llegado tan cerca.
Cuando él ha comenzado a reconocerla, ella lo mata con un atinado tiro que impacta casi cinco centímetros a la izquierda, un poco mas abajo, del tercer botón de su camisa que siempre es negra.
Se da vuelta, y comienza a caminar con una sonrisa.
Lo ha hecho por su amiga, para disiparle esa bruma que se va formando en su memoria.

Siente una gran paz, mientras vuelve a guardar en su cartera la pistola de su Ernesto, que ella escondió en su bombacha aquella noche, sin que sirviera de nada.