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24 de julio de 2011

Capitulo 1: Osvaldo

Osvaldo Villareal vive en un departamento de dos ambientes desde hace 15 años en el barrio de Villa del Parque, donde hace seis meses terminaron una edificio de esos “a estrenar” que le tapa el poco sol que le entraba por la ventana de la cocina. Ahí lee el diario siempre un día atrasado que le regala el portero, nunca tuvo la costumbre de comprarlo. Mientras intenta acomodarse para que el rayo de sol de las nueve le pegue en la frente, se ceba un mate tibio que seguramente le de acidez.
En los obituarios encuentra a Fermín García Vallejo muerto hace dos días y lo velan hoy, o ayer, no sabe bien porque la fecha del diario de hoy, le crea confusión. Fermín García Vallejo, repite para sus adentros y recuerda cuando Delia, su madre, les servía a los dos leche tibia con vainillas. Sonríe, porque es un recuerdo hermoso y piensa en su padre tan callado apoyado en el marco de la puerta con el ceño fruncido. Su hijo Marcelo, el mayor, dice que ambos tienen la misma expresión. Eduardo y Gabriel no llegaron a conocer al abuelo, pero ellos también tienen ese aire ceñudo y pensativo de Osvaldo padre. Que costumbre la de llamar a los hijos como los padres, menos mal que Ramona estaba de acuerdo con el en que era una pavada o le hubiesen puesto a su primera hija, Isabel el nombre de ella. Se murió de gripe a los tres años la pobrecita, no había aprendido ni a hablar. Su mujer y su madre lloraban juntas los primeros diez minutos que se veían, era todo un drama cuando Osvaldo la dejaba a Ramona en la casa de sus padres antes de irse para el negocio. Ramona era del chaco y huérfana desde los ocho años y quería a su familia como la que nunca tuvo. Ramona. Suspira Osvaldo mientras se ceba otro mate y se refriega la artritis de las manos. Ya no hay sol y solo pasaron veinte minutos. Es una lástima que el valor de la propiedad vaya a bajar tanto por quedarse sin sol. Cuando el se muera, y espera que no falte tanto, quisiera que sus hijos lo vendieran y se repartieran el dinero, pero va a quedar en ellos nada más. Fermín García Vallejo. La de bolitas que le ganó cuando eran pibes y ahora se las ganó la muerte que seguramente se llevó las bolitas de motín. Se ríe frente a este comentario y absorbe con ruido el ultimo trago del mate.

18 de junio de 2011

Sanguíneo

Se volvió despacio entre las sabanas y quedó justo enfrente de su boca. Observaba  su rostro apaciguado, totalmente relajado. Acarició el espacio del hombro descubierto, justo a la merced de sus dientes, de  su lengua sedienta por el sabor y el perfume. Ah, si pudiera solo hundirse en ese aroma sin que la empecinada realidad lo arrastrara otra vez a la inevitable ausencia. Cómo dejaría que se fuera, cómo abriría la puerta sin el terror de no volver a verla? Se acercó sigiloso, centímetro a centímetro, hasta que sintió su respiración calarle los huesos. Quería devorarla, someterla a su deseo alimentado cientos de días; pero ella dormía ausente de los pensamientos que la acechaban. Dormía con la inocencia de quien no conoce los males, ni   las penas, ni el peso que cargaba desde el instante en que le sonrió. Un movimiento inconsciente de su mano lo puso en alerta. Un gemido entre sueños se desprendió de la comisura de sus labios y el creyó que no podría resistir un momento más sin tenerla entre sus brazos. Apretó delicadamente sus labios a los de ella y algo latió en  un lugar de su pecho, en el centro mismo de su ser. Tan minúsculo y delicado fue el roce, tal la profundidad de sus sueños. Nada cambió en las horas que pasaron. Su cuerpo quedó suspendido en el calor de sus pequeños pies rozándole las piernas. Cuando el sol se desprendió de la total inmensidad de la noche, el ya se había marchado. Al despertar no recordaría nada. No recordaría como había respondido a sus besos ni a sus caricias, ni sus manos entrelazadas llenas de suspiros. No recordaría nada. Era la única forma en que le pertenecía, en que negaba su realidad y la de él. La única forma en que le permitía amarla.

31 de marzo de 2011

Batalla Naval

Entoncés se rompió el mastil mayor y el grito de los hombres quebró el silencio del cielo. El corazón acelerado en las manos firmes con que sostenían el fusil. Un poco más -se alentaban entre ellos- y el olor a polvora se regaba en el aire de sus pulmones. Ya eran solo alaridos de dolor y de guerra. Rugidos de carne y violencia sobre la puerta de su victoria. No eran mente. No había nada que pensar. Solo clavar la espada. Solo disparar la balas. El barco se desarmaba y se llenaba de cuerpos. Ya casi y su voluntad era más fuerte. Sobrevivir al ciego dolor de perecer en la batalla perdida. Se callaron las armas y surgió la conciencia de morir o de matar. En sus manos llenas de cayos y sal de mar el fusil y la espada se desprendían mientras crecía en su interior la sombra de la guerra victoriosa. La sombra de la muerte otra vez vencida.

21 de marzo de 2011

Literal

-Algún día te vas a descuidar y te voy a matar de un beso- le dijo sonriendo.
Ella salió de la habitación y recorrió sin pausa el camino hacia la armería.
Compró un revolver y se fue a su casa a esperarlo.El nunca apareció.
Pasaron los años y el revolver descansó escondido debajo de su almohada junto con el
resto del polvo. No se caso, no tuvo hijos ni amigos ni perro ni canario.
A los 85 años a punto de dormir, saco el revolver, lo envolvió en una franela y lo puso
en el cajón de su mesita de luz.
Cuando se quedó a oscuras, él apareció entre las sombras. Se paró al lado de la cama y
vió como ella lo miraba.
- Te dije- susurro- y la besó hasta matarla.

16 de enero de 2011

Yo Señor? No Señor

Usted está distinto. Yo señor? Sí, señor. Usted. Y por qué lo dice? Se le nota cuando camina. No puede ser. Si que puede, y se lo digo yo. Pero no entiendo, siempre camino igual. Está bien que no llevo el sombrero, y me afeité el bigote, pero caminar, camino igual. Eso cree usted que no se mira. Yo lo noté de doblar la esquina. Se cambió los zapatos? Los zapatos? No, son los mismos marrones acordonados de hace dos años. Los lustré, es cierto, y hace meses que no lo hago, pero ser los mismos, son los mismos. A mí no me mienta que le llevo años. Yo me doy cuenta. Soy dificil de engañar, me entiende? Entender, entiendo, pero fíjese que no es por contradecirlo, caminar, camino igual. Hombre, usted no entiende una métafora ni que se la colgaran del bigote, que ahora que no lo tiene parece más joven, si me permite. Tomo eso como un cumplido, aunque la gente me mira extraño. Eso es por cómo camina, ya se lo dije. No entiendo la métafora. Eso es porque se hace el joven ahora que no tiene bigote y camina distinto. Pero qué insitencia. Bueno si usted lo dice, por ahí camino distinto. Hasta que me reconoce la métafora. Qué metáfora? Se está haciendo el zonzo? Conmigo no juegue que puedo ser su padre, demuestre respeto. No, no. No es mi intención, solo que nunca fuí bueno para las metáforas, apenas si se contar uno que otro chiste. Ya me lo imaginaba. Bueno, mándele saludos a la chica esa. Qué chica? La que lo hace caminar diferente, hombre. No sé de quién me habla usted. Eso es porque nunca entendió las metáforas.