Un roce, una mirada, un susurro.
El miedo, la tristeza, la tarde de lluvia.
La incertidumbre, el tiempo, la risa ahogada.
Las horas que pasan, los minutos que corren, el vacío que espera.
Los nones, los sisis, los talveces.
Las manos que se cruzan, el silencio.
La espera, la pelea, la palabra.
La vida, la esperanza, los amores.
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13 de octubre de 2011
12 de octubre de 2011
23 de septiembre de 2011
Una noche de luna
La tenue luz rodeándolo todo.
El gusto dulce del trago amargo.
Los dedos dibujando una sonrisa.
La cola del diablo enredandose en mi cintura.
Este cuento lo conozco, y me gustaba tanto.
En el fondo del alma sonaban los "Beatles".
El gusto dulce del trago amargo.
Los dedos dibujando una sonrisa.
La cola del diablo enredandose en mi cintura.
Este cuento lo conozco, y me gustaba tanto.
En el fondo del alma sonaban los "Beatles".
4 de septiembre de 2011
Si no soy yo ¿Quién?
Fumaba y se reía en voz alta.
Plácida en su soledad. Mirando una película cualquiera.
Pensando en el tiempo, sin denominaciones y unas ganas tremendas de una copa de vino.
La luz improvisada de un velador.
Las cortinas que faltaban. El cigarrillo consumiendose. Teclear, mirar la película y fumar, no eran una opción.
Todo un camino por delante para hacer. ¿Qué más?
Plácida en su soledad. Mirando una película cualquiera.
Pensando en el tiempo, sin denominaciones y unas ganas tremendas de una copa de vino.
La luz improvisada de un velador.
Las cortinas que faltaban. El cigarrillo consumiendose. Teclear, mirar la película y fumar, no eran una opción.
Todo un camino por delante para hacer. ¿Qué más?
31 de agosto de 2011
La espera
Miró el reloj nuevamente. Esa sería la quinta vez en quince minutos. Ojala pudiera fumar, pensó. Solo uno para amortiguar la espera y así dejaría de comerse su cerebro la ansiedad. Un minuto, dos minutos, tres minutos. Sexta vez en mirar el reloj. Se levantó y salió dando zancadas de la casa. No cerró la puerta con llave. Paró un taxi en la puerta. Que milagro dijo apenas audible. Nunca encontraba un taxi tan rápido. Eso era una buena señal. Llegaba media hora antes. Media hora! Hubiese escuchado algunos temas más, se reprochó. Igual no los escuchaba. Solo el reloj. Unicamente el reloj para no pensar en nada. El reflejo en el espejo retrovisor le delvolvía un peinado "impecable" pensó. Dios. No iba a llegar nunca. Estar en el lugar ya acercaba más el momento. Por qué había elegido un lugar tan lejos de su casa? Quince cuadras más. Se bajaba en la puerta? No. Demasiado ansioso. Se bajaba ahora y caminaba. Tenía tiempo. Que le iba a decir? Le sudaban las manos.Pagó el taxi. Fuera del aire acondicionado del vehículo hacía un calor infernal. Cuántas cuadras tendría que caminar?Llegaría todo transpirado. Resoplando puso sus piernas a andar. Calculando llegaría cinco minutos antes. Todo un puntual caballero. Sería ella conciente del modo en que deseaba su aroma? Cómo resisitirse a esas pequeñas manos, a la sonrisa encendida, a la forma en que expresaba vehemente todas sus opiniones?
Cuando llegó, mas rapido de lo que había supuesto, ella ya estaba ahi. Miraba distraída la gente entrar al restorant donde esperaba al costado de la puerta. Lucía hermosa. Por alguna razón, corrió los ultimos metros que la separaban de ella. En ese momento ella giró la cabeza hacia donde el venía al trote y le sonrió. Ese gesto, ese simple gesto de que se alegrara de verlo fue suficiente. Frenó a centímetros de su naris y tomandola por los codos la atrajo hacía él y la beso. La besó suave pero firme. La besó con el tiempo que llevaba sobre sus espaldas el hecho de gustarle tanto. Aspiró su aroma profundamente. Ella no se movía, apenas en puntas de pie su rigidéz empezó a relajarse hasta que finalmente el cedió la fuerza de sus brazos y la miró. Tenía la respiración agitada y el corazón al galope.
Cuando llegó, mas rapido de lo que había supuesto, ella ya estaba ahi. Miraba distraída la gente entrar al restorant donde esperaba al costado de la puerta. Lucía hermosa. Por alguna razón, corrió los ultimos metros que la separaban de ella. En ese momento ella giró la cabeza hacia donde el venía al trote y le sonrió. Ese gesto, ese simple gesto de que se alegrara de verlo fue suficiente. Frenó a centímetros de su naris y tomandola por los codos la atrajo hacía él y la beso. La besó suave pero firme. La besó con el tiempo que llevaba sobre sus espaldas el hecho de gustarle tanto. Aspiró su aroma profundamente. Ella no se movía, apenas en puntas de pie su rigidéz empezó a relajarse hasta que finalmente el cedió la fuerza de sus brazos y la miró. Tenía la respiración agitada y el corazón al galope.
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De Amores y Des Amores,
Rotativas
29 de agosto de 2011
22 de agosto de 2011
Lunes 22
Yo lo leía y pensaba. Imaginaba lo que sentía cuando sus dedos daban en las teclas. Me llené los pulmones de todos los cigarrillos fumados mientras su alma se escribía de oración en oración, mientras se desparramaba entre puntos y comas. Podía sentir el dolor, la duda, el descubrimiento, la decepción, la maravilla (no en ese orden, no esas cantidades). O al menos podía intentar percibir la curvatura de su espalda, los dedos tirando nerviosamente de su pelo negro. Y pensé: Ojalá ella lo haya leído.Ojalá el haya encontrado el significado de esas palabras. Ojalá esas etiquetas no fueran removidas. Y quizás por el lunes feriado, por ese medio sol tibio que apenas asoma por las persianas, quizás porque lo conozco más de leerlo que de escucharlo, supe, sentí y afirmé que realmente no entra en una sola entrada.
24 de julio de 2011
Capitulo 1: Osvaldo
Osvaldo Villareal vive en un departamento de dos ambientes desde hace 15 años en el barrio de Villa del Parque, donde hace seis meses terminaron una edificio de esos “a estrenar” que le tapa el poco sol que le entraba por la ventana de la cocina. Ahí lee el diario siempre un día atrasado que le regala el portero, nunca tuvo la costumbre de comprarlo. Mientras intenta acomodarse para que el rayo de sol de las nueve le pegue en la frente, se ceba un mate tibio que seguramente le de acidez.
En los obituarios encuentra a Fermín García Vallejo muerto hace dos días y lo velan hoy, o ayer, no sabe bien porque la fecha del diario de hoy, le crea confusión. Fermín García Vallejo, repite para sus adentros y recuerda cuando Delia, su madre, les servía a los dos leche tibia con vainillas. Sonríe, porque es un recuerdo hermoso y piensa en su padre tan callado apoyado en el marco de la puerta con el ceño fruncido. Su hijo Marcelo, el mayor, dice que ambos tienen la misma expresión. Eduardo y Gabriel no llegaron a conocer al abuelo, pero ellos también tienen ese aire ceñudo y pensativo de Osvaldo padre. Que costumbre la de llamar a los hijos como los padres, menos mal que Ramona estaba de acuerdo con el en que era una pavada o le hubiesen puesto a su primera hija, Isabel el nombre de ella. Se murió de gripe a los tres años la pobrecita, no había aprendido ni a hablar. Su mujer y su madre lloraban juntas los primeros diez minutos que se veían, era todo un drama cuando Osvaldo la dejaba a Ramona en la casa de sus padres antes de irse para el negocio. Ramona era del chaco y huérfana desde los ocho años y quería a su familia como la que nunca tuvo. Ramona. Suspira Osvaldo mientras se ceba otro mate y se refriega la artritis de las manos. Ya no hay sol y solo pasaron veinte minutos. Es una lástima que el valor de la propiedad vaya a bajar tanto por quedarse sin sol. Cuando el se muera, y espera que no falte tanto, quisiera que sus hijos lo vendieran y se repartieran el dinero, pero va a quedar en ellos nada más. Fermín García Vallejo. La de bolitas que le ganó cuando eran pibes y ahora se las ganó la muerte que seguramente se llevó las bolitas de motín. Se ríe frente a este comentario y absorbe con ruido el ultimo trago del mate.
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Ficción Realidad y otras cosas,
Rotativas
WANTED
Se me fue la inspiración. Como si estuviera agazapada en el algún rincón. La siento en la punta de los dedos y todo empieza con historias increíbles que no encuentran razón de ser y el cursor se queda titilando, esperando, y yo lo miró y le grito: Y a vos que te pasa? Tirame una línea!- Y a veces me manda unas frases maravillosas que quedan flotando en un escrito hueco y desprovisto de magia. Pero está ahí, la siento palpitar. Se que puedo escribir, que puedo volcar el atolondramiento de mi cerebro con las palabras precisas, con las descripciones exactas que lleguen al remate de algo supremo, o no nos engañemos, de algo que al menos valga la pena leer, pero no. Negación absoluta a la iluminación. Y tengo tanto que decir, tanto que contar que resulta frustrante no poder siquiera volcarlo en una entrada de blog, en una servilleta de papel, en una hoja perdida del anotador que llevo encima por si la inspiración me encuentra trabajando. Si al menos fuera un bloqueo mental, podría decir: Ok, estoy bloqueada- Pero no, repito, me queman la punta de los dedos, me cosquillea en la sien la idea que no encuentro la forma de reproducir. Y si en realidad quiero decir otra cosa?
Domingo
Suena jazz. En algún lado del mundo alguien se deshace de amor y sueña con una situación que no ocurrió. Una palabra que no se dijo inundando la piel. Las lágrimas cayendo suaves hasta la boca y su salado de mar hunde una flecha en el corazón. Quisiera que fuese cupido, piensa la voz que se apaga en el silencio. Alguien lee el final de un libro, una historia que mantuvo la mente alerta por largas horas en la soledad de la noche, de la pieza abarrotada de objetos y el olor a humedad que se esparce, que ya no se siente por el acostumbramiento, el vacío de algo que llegó a su fin. ¿Y ahora? Piensa mientras mira la luz tenue que llena la pieza, la vida inmunda. Alguien espera un taxi. Mira la noche, la gente pasar. Quisiera que lo llevara a otro destino, al llamado de un amigo con ganas de filosofar sobre cosas que a él no le pasan, que no entiende ni experimenta, pero puede dar opinión, puede decir que las cosas son así o asá. Nadie le puede negar que es incorrecto, son tantas unidades pensando distinto en el mundo. Por fin un taxi. La única dirección que sale de sus labios es la de su casa. El taxista silencioso y la ciudad que pasa. Alguien se mira al espejo. Descubre su rostro, tan conocido. El mismo peinado mantenido durante años. La rutina apresando sus días. Mañana será lunes de nuevo. Los chicos irán al colegio. El café instantáneo en su taza blanca igual a las otras cinco tazas que descansan en la alacena. Pondrá en orden sus papeles. Se quejará de su jefe con los compañeros y volverá manejando en medio del tráfico esperando que los chicos estén en casa de sus amigos y ella siga mirando la novela que no termina y le cuente como la pobre protagonista sigue sufriendo otro capitulo.
Alguien hace el amor con la piel transpirada de deseo.Alguien se pinta los labios y se perfuma estratégicamente para salir en un rato. Alguien planea ansiosamente su primer día de trabajo. Alguien ama. Alguien ríe a carcajadas. Alguien brinda por su vida.
Pero es domingo, y la tarde del disimulado invierno cae estruendosamente sobre los otros. Esos "alguien", no se ven.
21 de marzo de 2011
Literal
-Algún día te vas a descuidar y te voy a matar de un beso- le dijo sonriendo.
Ella salió de la habitación y recorrió sin pausa el camino hacia la armería.
Compró un revolver y se fue a su casa a esperarlo.El nunca apareció.
Pasaron los años y el revolver descansó escondido debajo de su almohada junto con el
resto del polvo. No se caso, no tuvo hijos ni amigos ni perro ni canario.
A los 85 años a punto de dormir, saco el revolver, lo envolvió en una franela y lo puso
en el cajón de su mesita de luz.
Cuando se quedó a oscuras, él apareció entre las sombras. Se paró al lado de la cama y
vió como ella lo miraba.
- Te dije- susurro- y la besó hasta matarla.
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Ficción Realidad y otras cosas,
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17 de febrero de 2011
No encuentro el título
No entro en una sola entrada. Y ahora recién lo entiendo.
La copa vacía me mira y ya no puedo llenarla.
No es literal, no crean.
Tengo el cuerpo tan vacío por momentos. Y el cenicero se llena de cigarrillos.
No tanto, no crean.
Creo en mí? No quiero aprender otra vez del error y quizás lo necesite.
No puedo esperar, y quizás lo necesite.
Eso sí, creanmé.
La copa vacía me mira y ya no puedo llenarla.
No es literal, no crean.
Tengo el cuerpo tan vacío por momentos. Y el cenicero se llena de cigarrillos.
No tanto, no crean.
Creo en mí? No quiero aprender otra vez del error y quizás lo necesite.
No puedo esperar, y quizás lo necesite.
Eso sí, creanmé.
Codo a codo
Desde ayer que me estoy golpeando los codos. Alternativamente, derecho e izquiero, izquierdo y derecho. Ya no recuerdo cual me golpié primero. Nunca supe además cual era el de la suerte y cual el que no (y además hay uno que hay que frotar). Cuál hay que tocar para que esté todo bien? Necesito saberlo. Cuál es la suerte?
25 de noviembre de 2010
La Soledad - A pedido de Jimena Reichel
Ayer estaba sentada en el sillón de mi casa. No estaba sentada en el mullido sillón de dos cuerpos que ocupa la mayor parte del living. Apenas apoyada en el asiento, agarrada a los apoyabrazos como a punto de caer, pensé en aquello. Lo busqué en mi mente con significados repetidos. Referencias lógicas... La soledad no es otra cosa, según el diccionario, que la carencia de compañía. Y ahí me encontraba yo, sola. Una definición poco exacta de mi vida, si me permiten, porque aún rodeada de gente, sigo sintiéndome sentada en ese mismo sillón. Y entonces, la definición buscada para dar significado a este vacío pierde cualquier tipo de valor, es inverosímil. Porque qué sabe el dicionario de soledades? Qué sabe de camas vacías, de risas ausentes, de caricias con amor? Nada. No sabe nada. Acaso ustedes saben? Pueden expresar con palabras la voluntad que toma mi ser todos los días frente al espejo? Acaso ven ustedes su rostro reflejado como el mío con la vida a sus espaldas?
Mi vecina se llama Soledad. Pobre, pienso, llevar sobre su nombre toda esa carga. Se sentará ella también en su sillón a contemplar absorta el silencio de la casa? Quizás en la cocina mientras se bate el café, o frente al placard buscando que ponerse? Sentirá ese agujero negro en el pecho cuando se antepone el fracazo de no encontrarse en otro? Y egoístamente deseo que así sea, para no sentirme sola.
Hay quienes eligen la soledad, pero vamos, sabemos que esa es la buena, es la del respiro, la de la meditación, el acomodo, la iluminación; llamémosla de mil formas, todos sabemos que no es igual. Ojo, no quiero parecer una pobre sin remedio, ni que piensen que voy a quedarme esperando que la soledad me devore, pero... y si sí?. Y si no puedo escaparme de ese sillón? La soledad que duele es acercarse a la certeza de que puede pasar que, al descuidarse, uno se quede solo. Los días pasarán como años y perderé mi imagen en el espejo. Dejaré de buscar rendida al silencio de mi propia compañía. La soledad se ha quedado abarrotada entre las puertas, sostenida con garras en mi almohada, abrojada al deseo de otro cepillo de dientes, de otra voz que no sea la de mi propio silencio cuando me inunda una nostalgia, que no distingo de donde nace pero arrasa sin pausa mis mañanas y agoniza en las noches en la palma de mis manos, en la punta de los pies fríos buscando refugio en la misma piel a la que pertenecen. Y ojalá no dure el frío. Ojalá la lluvia no azote mi ventana dos días seguidos. Ojalá ese sillón no sea más que un mueble. Ojalá... Golpean! Será Soledad?
Mi vecina se llama Soledad. Pobre, pienso, llevar sobre su nombre toda esa carga. Se sentará ella también en su sillón a contemplar absorta el silencio de la casa? Quizás en la cocina mientras se bate el café, o frente al placard buscando que ponerse? Sentirá ese agujero negro en el pecho cuando se antepone el fracazo de no encontrarse en otro? Y egoístamente deseo que así sea, para no sentirme sola.
Hay quienes eligen la soledad, pero vamos, sabemos que esa es la buena, es la del respiro, la de la meditación, el acomodo, la iluminación; llamémosla de mil formas, todos sabemos que no es igual. Ojo, no quiero parecer una pobre sin remedio, ni que piensen que voy a quedarme esperando que la soledad me devore, pero... y si sí?. Y si no puedo escaparme de ese sillón? La soledad que duele es acercarse a la certeza de que puede pasar que, al descuidarse, uno se quede solo. Los días pasarán como años y perderé mi imagen en el espejo. Dejaré de buscar rendida al silencio de mi propia compañía. La soledad se ha quedado abarrotada entre las puertas, sostenida con garras en mi almohada, abrojada al deseo de otro cepillo de dientes, de otra voz que no sea la de mi propio silencio cuando me inunda una nostalgia, que no distingo de donde nace pero arrasa sin pausa mis mañanas y agoniza en las noches en la palma de mis manos, en la punta de los pies fríos buscando refugio en la misma piel a la que pertenecen. Y ojalá no dure el frío. Ojalá la lluvia no azote mi ventana dos días seguidos. Ojalá ese sillón no sea más que un mueble. Ojalá... Golpean! Será Soledad?
17 de noviembre de 2010
Alohomora
Apretaba las teclas de su máquina tamborileando distraídamente una lapicera, una lapicera única heredera de generación en generación. Claramente escribiría más veloz si no insistiera en mirar las teclas, pero ya se había acostumbrado desde antes de terminar el colegio a que fuera de esa forma.
Respiró profundo, giró su silla y se levantó con toda la parsimonia con la que fue capaz. Bordeó la hilera de gente sentada en la larga tabla de madera laminada separada por paneles y miró disimuladamente hacia el pasillo. Tenía una lista enorme de tareas por hacer. Seguramente fuera más fácil si no fuera tan obstinado, pero así lo había decidido. Esas eran sus reglas, el legado familiar debía permanecer en secreto. Saludó al pasar junto a unos compañeros que le devolvieron el saludo levantando las manos con una sonrisa. Ahí estaba. Lo vio doblar hacia el pasillo, y caminar con paso decidido hacia donde él se encontraba. Se quedó quieto simulando leer un cartel con instrucciones para evacuar el edificio. Seguía tamborileando la punta de su lapicera de la cual nunca se separaba, mientras por el rabillo del ojo veía acercarse a su jefe. Cuando el hombre de casi cuarenta años estuvo a cuatro metros, dijo su nombre en voz alta.
Él lo miró y simuló una repentina tos mientras pronunciaba muy bajo algo que nadie distinguió pues tapó su boca con la mano que sostenía la lapicera apuntando hacia el hombre. El jefe se paró en seco. Frunció el ceño, abrió levemente la boca para decir algo y cerrándola sin emitir sonido giró sobre sus talones y se encaminó a su oficina donde se sentó a recordar que estaba haciendo antes de olvidarse su cometido. Otra vez.
Del otro lado del piso de la oficina del jefe, él miraba fijo una ventana de un edificio a través del grueso vidrio. Sabía que cruzando la autopista en el tercer piso , alguien más sostenía entre sus manos una lapicera única y miraba con atención el edificio azul que se encontraba a más de quinientos metros sin poder entender como veía a la perfección el joven que le sonreía desde la ventana.
A César por prestarme sus libros de magia.
Alohomora: Conjuro que se utiliza para abrir puertas en Harry Potter de J.R. Rowling
3 de noviembre de 2010
El por qué de la chica de las manos ocupadas
Otra vez tarde! (Se quedó dormida o no se quiso levantar?)Ultima mirada al espejo. Apa! Todo está afuera y ya tiene puesta la pesada mochila. Ok, una bolsa pequeña de casa de ropa. No, falta el libro. Agarra una más grande. Mete el libro, las llaves, los cigarrillos, el encendedor (si lo encuentra), la campera y abre la puerta. A mitad de pasillo putea y vuelve a buscar el celular. Llaves. Se saca la mochila, la apoya en el piso. Saca el libro, los puchos y encuentra las llaves. Con los dos dedos que no sujetan el libro, los cigarrillos, la campera y la bolsa, abre la puerta. Agarra el celular, lo mete en la bolsa junto con el libro y los cigarrillos. De pasada a la puerta agarra el cargador y con la misma mano un peso en monedas de 25 (con suerte). Llega a la parada. Al trabajo. No puede ser, grita. Otra vez se olvidó la cabeza. Mañana tendrá que traer una bolsa más grande.
20 de septiembre de 2010
En qué pensás? En nada.
Si me preguntan, opino sobre la vida y digo convencida, que hay cosas que no valen la pena, no tienen remedio. Si me preguntan, tambien puedo hablar de cuanto me molesta la hipocrecía sin tener en cuenta el big mac que me comí el martes del lunes que "empecé" la dieta. Si me preguntan, puedo expresar que el amor es un antídoto y la pena de amor la creencia de que realmente funcione, y me creo esta verdad hasta que me refuto mi propia idea en la lengua del otro, y aprendo. Si me preguntan, tambien puedo cambiar de opinion pero siempre voy a sostener lo inevitable, tengo ganas de hacerlo. Si no preguntan no pregunto, pero solo si me pregruntan.
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