Hoy es el cumpleaños de Mauro. Por qué me acuerdo del cumpleaños de alguién que ví una sola vez en la vida a mis 14 años? Es un misterio, pero me acuerdo. Un chico de sonrisa amable, ojos brillosos y lo más libriano que había visto a esa altura de mi vida. Nos escríbíamos cartas de amor contándonos la vida cotidiana, rememorando el momento en que nos conocimos en unas vacaciones familiares a Misiones (y les juro que lo ví solo una vez en año nuevo donde nos miramos y charlamos solo un poco). A mis 14 años yo me enamoraba del amor, igual que ahora pero menos real. Estaba enamorada del hecho de recibir cada quince días una carta escrita de su puño y letra (tenía una caligrafía hermosa de colegio técnico y dos años más que yo). Mauro soñaba con encontrarnos un día en Buenos Aires y que lo llevara a conocer Plaza de Mayo, como la canción de Sabina. Los sobres venían con estampillas de mariposas y paisajes hermosos que él compraba específicamente para enviarme sus cartas. Apenas terminaba de leerlas buscaba papel y lapicera y le respondía con felicidad todas sus preguntas contándole del colegio, de mi familia, de mis gatos. Le mandaba dibujos, poemas, canciones. Un día, despúes de 15 cartas, Mauro me escribió que en un mes existía la posibilidad de que viniera a Buenos Aires. No la respondí. La posibilidad de que se materializara en mi puerta me dió pánico y luego de una segunda carta muy preocupado por mi falta de respuesta, le escribí que la vida tenía vueltas inexplicables, que otra persona había ganado mi corazón y mis pensamientos, que no quería lastimarlo ilusionándolo con un amor imposible y distanciado. Nunca más recibí una carta suya y ya nunca llegó correo a mi nombre por debajo de la puerta. Todas sus cartas están guardadas en un gran sobre papel madera para que me acuerde de ellas un día como hoy.
Después llegó el mail y se terminó la magia.
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14 de octubre de 2011
Prohibido Fumar
Dejar de fumar significa mirar de frente la situación de que cada cigarrillo en la soledad es una compañía.
Después de comer, de amar, de cocinar, con el vino, con la película,con la tarde entre amigos, la salida con el novio, la espera. Un hábito que acompaña.Un mounstro destruyendolo todo pacíficamente. Un fantasma silencioso riendo a mis espaldas. Lo abrigué como un amigo. Le conté mis más intimos secretos. Y ya no respiraba. Ya no era libre. Y era solo un cigarrillo. No más. El aire ahora es solo mío.
Después de comer, de amar, de cocinar, con el vino, con la película,con la tarde entre amigos, la salida con el novio, la espera. Un hábito que acompaña.Un mounstro destruyendolo todo pacíficamente. Un fantasma silencioso riendo a mis espaldas. Lo abrigué como un amigo. Le conté mis más intimos secretos. Y ya no respiraba. Ya no era libre. Y era solo un cigarrillo. No más. El aire ahora es solo mío.
13 de octubre de 2011
Había una vez cuando es siempre
Un roce, una mirada, un susurro.
El miedo, la tristeza, la tarde de lluvia.
La incertidumbre, el tiempo, la risa ahogada.
Las horas que pasan, los minutos que corren, el vacío que espera.
Los nones, los sisis, los talveces.
Las manos que se cruzan, el silencio.
La espera, la pelea, la palabra.
La vida, la esperanza, los amores.
El miedo, la tristeza, la tarde de lluvia.
La incertidumbre, el tiempo, la risa ahogada.
Las horas que pasan, los minutos que corren, el vacío que espera.
Los nones, los sisis, los talveces.
Las manos que se cruzan, el silencio.
La espera, la pelea, la palabra.
La vida, la esperanza, los amores.
4 de septiembre de 2011
Si no soy yo ¿Quién?
Fumaba y se reía en voz alta.
Plácida en su soledad. Mirando una película cualquiera.
Pensando en el tiempo, sin denominaciones y unas ganas tremendas de una copa de vino.
La luz improvisada de un velador.
Las cortinas que faltaban. El cigarrillo consumiendose. Teclear, mirar la película y fumar, no eran una opción.
Todo un camino por delante para hacer. ¿Qué más?
Plácida en su soledad. Mirando una película cualquiera.
Pensando en el tiempo, sin denominaciones y unas ganas tremendas de una copa de vino.
La luz improvisada de un velador.
Las cortinas que faltaban. El cigarrillo consumiendose. Teclear, mirar la película y fumar, no eran una opción.
Todo un camino por delante para hacer. ¿Qué más?
31 de agosto de 2011
Nostalgia
No recuerdo la voz de mi abuela Rosita, de hecho, no la recuerdo hablando. Sí recuerdo el loro en el patio que cantaba "La cucaracha". Coco se llamaba, si es posible que todos los loros se llamen Coco. Recuerdo la enredadera cubriendo las paredes de la casa. El fresquito de la sombra en verano. El olor a naftalina en los muebles, el cubrecama extrajero en azul y dorado. La porcelana pintada a mano en los muebles tallados. Su piel arrugada, sus anteojos grandes. El pequinés malhumorado que sobrevivió a un atropello y murió de viejo. El dulce de leche La Serenísma, marrón y azucarado esperando mi llegada. Los alfajores Jorgito en la vieja lata cuadrada de almacén. Los compra para vos, decía mi papá, igual que el dulce de leche. Si supiera que todavía me gustan tanto como cuando era chica.
Mi abuela hacía cosas por mí, me quería sin que yo me diera cuenta. No recuerdo su voz, ni su abrazo, ni que me contara historias ni me llevara a pasear, pero cuando mi mamá cortó el teléfono y me dijo a los ocho años de edad que se había muerto, lloré realmente por su pérdida. La ida de mi abuela Rosita fue el primer dolor de mi vida.
Mi abuela hacía cosas por mí, me quería sin que yo me diera cuenta. No recuerdo su voz, ni su abrazo, ni que me contara historias ni me llevara a pasear, pero cuando mi mamá cortó el teléfono y me dijo a los ocho años de edad que se había muerto, lloré realmente por su pérdida. La ida de mi abuela Rosita fue el primer dolor de mi vida.
29 de agosto de 2011
Desnuda el alma y el cuerpo
Hubiese querido, quizás, que no fuera cierto, quizás la misma discusión de siempre. El reclamo escapando por sus labios, las manos en puño de impotencia. Hubiese querido alguna mañana de desayuno tarde en el balcón, la llegada de los chicos. Su mirada de reproche ante el tejido de sueños imposibles y ese señor que no crece. Hubiese querido, quizás, que pudiera perdonarlo, que no bastara para arrancarlo de su pecho, para deshacerse del olor de su piel, del jugo de naranjas con frutillas, los dedos de miel. La mirada al tiempo que pasa sin pasar, detenido en la risa hueca del respiro. Hubiese querido, hace tanto... Quizás, pero ya no.
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De Amores y Des Amores,
VivaVida
22 de agosto de 2011
Lunes 22
Yo lo leía y pensaba. Imaginaba lo que sentía cuando sus dedos daban en las teclas. Me llené los pulmones de todos los cigarrillos fumados mientras su alma se escribía de oración en oración, mientras se desparramaba entre puntos y comas. Podía sentir el dolor, la duda, el descubrimiento, la decepción, la maravilla (no en ese orden, no esas cantidades). O al menos podía intentar percibir la curvatura de su espalda, los dedos tirando nerviosamente de su pelo negro. Y pensé: Ojalá ella lo haya leído.Ojalá el haya encontrado el significado de esas palabras. Ojalá esas etiquetas no fueran removidas. Y quizás por el lunes feriado, por ese medio sol tibio que apenas asoma por las persianas, quizás porque lo conozco más de leerlo que de escucharlo, supe, sentí y afirmé que realmente no entra en una sola entrada.
2 de mayo de 2011
Gambluch/o/a
No importa cuanto intenten convencerme de que hay gente como él, que alguna persona tiene un hermano así, que con alguien se llevan igual, que el cariño es el mismo. No importa cuanto lo intenten, no pueden.
Es magia pura, como si nos hubiesen hecho en la misma caldera, no es la sangre, o realmente existiría otro hermano como el mío, otra persona como yo que se sintiera parte de un alma tan individual y diferente. Insisto, es magia. Si se hizo en la tierra o en el cielo, no importa, las dos salen de mi mamá.
Cuando nos juntamos con mi hermano, contamos un cuento, unimos historias que nos contaron e inventamos las propias, vamos armando y desarmando momentos en los minutos que tenemos de conocernos, como si fuese de siempre, como si fuese de antes y lo hubiese tenido cerca todas mis vidas anteriores. No importa si pasa tiempo, si cuando el está feliz yo estoy llorando o si salto de contenta y el está enojado, hay un lugar, un espacio de consejos donde aparece la risa, el código. Porque atrás de un Gambluch, hay otro Gambluch y no es el apellido.
Es magia pura, como si nos hubiesen hecho en la misma caldera, no es la sangre, o realmente existiría otro hermano como el mío, otra persona como yo que se sintiera parte de un alma tan individual y diferente. Insisto, es magia. Si se hizo en la tierra o en el cielo, no importa, las dos salen de mi mamá.
Cuando nos juntamos con mi hermano, contamos un cuento, unimos historias que nos contaron e inventamos las propias, vamos armando y desarmando momentos en los minutos que tenemos de conocernos, como si fuese de siempre, como si fuese de antes y lo hubiese tenido cerca todas mis vidas anteriores. No importa si pasa tiempo, si cuando el está feliz yo estoy llorando o si salto de contenta y el está enojado, hay un lugar, un espacio de consejos donde aparece la risa, el código. Porque atrás de un Gambluch, hay otro Gambluch y no es el apellido.
17 de febrero de 2011
20 de enero de 2011
La más enamorada
Ella, la más enamorada, mide con los dedos el diámetro del inflable gigante de la palabra amor. Lo roza despacio con las yemas de los dedos y piensa si en verdad se ve así. Cuenta la cantidad de letras y es correcta. Mide los pulsos de su corazón con la respiración acelerada del inflable, que huele a caramelo. Que sabe agridulce del pasado y de los miedos, pero sabe más dulce.
Desinfla la palabra, quiere verdad y razón. Y que huela a su perfume y tenga el gusto de sus mañanas.
La más enamorada, ella, que espera a los principes en la puerta para no perder tiempo en que suban a rescatarla, tiene cautela. Reconoce las cicatrices ahora perfumadas, pero quiere oler, quiere sentir, quiere ser libre para poder llenar la palabra de las cosas que la hacen feliz, del descubriemiento y la sorpresa de su reconocimiento en otro, en otro que puede ser o no. Y ella sueña sus promesas y rememora el aroma de su piel y el anelo de tenerlo cuando quiera, cuando ya no haya miedos y pueda hacer una pirueta como un esquilibrista que aún sin temor, sabe que está la red. Un deseo a la luna, y un presagio al sol.
Se mira al espejo: Ay, ella... la más enamorada.
Desinfla la palabra, quiere verdad y razón. Y que huela a su perfume y tenga el gusto de sus mañanas.
La más enamorada, ella, que espera a los principes en la puerta para no perder tiempo en que suban a rescatarla, tiene cautela. Reconoce las cicatrices ahora perfumadas, pero quiere oler, quiere sentir, quiere ser libre para poder llenar la palabra de las cosas que la hacen feliz, del descubriemiento y la sorpresa de su reconocimiento en otro, en otro que puede ser o no. Y ella sueña sus promesas y rememora el aroma de su piel y el anelo de tenerlo cuando quiera, cuando ya no haya miedos y pueda hacer una pirueta como un esquilibrista que aún sin temor, sabe que está la red. Un deseo a la luna, y un presagio al sol.
Se mira al espejo: Ay, ella... la más enamorada.
16 de enero de 2011
Yo Señor? No Señor
Usted está distinto. Yo señor? Sí, señor. Usted. Y por qué lo dice? Se le nota cuando camina. No puede ser. Si que puede, y se lo digo yo. Pero no entiendo, siempre camino igual. Está bien que no llevo el sombrero, y me afeité el bigote, pero caminar, camino igual. Eso cree usted que no se mira. Yo lo noté de doblar la esquina. Se cambió los zapatos? Los zapatos? No, son los mismos marrones acordonados de hace dos años. Los lustré, es cierto, y hace meses que no lo hago, pero ser los mismos, son los mismos. A mí no me mienta que le llevo años. Yo me doy cuenta. Soy dificil de engañar, me entiende? Entender, entiendo, pero fíjese que no es por contradecirlo, caminar, camino igual. Hombre, usted no entiende una métafora ni que se la colgaran del bigote, que ahora que no lo tiene parece más joven, si me permite. Tomo eso como un cumplido, aunque la gente me mira extraño. Eso es por cómo camina, ya se lo dije. No entiendo la métafora. Eso es porque se hace el joven ahora que no tiene bigote y camina distinto. Pero qué insitencia. Bueno si usted lo dice, por ahí camino distinto. Hasta que me reconoce la métafora. Qué metáfora? Se está haciendo el zonzo? Conmigo no juegue que puedo ser su padre, demuestre respeto. No, no. No es mi intención, solo que nunca fuí bueno para las metáforas, apenas si se contar uno que otro chiste. Ya me lo imaginaba. Bueno, mándele saludos a la chica esa. Qué chica? La que lo hace caminar diferente, hombre. No sé de quién me habla usted. Eso es porque nunca entendió las metáforas.
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Ficción Realidad y otras cosas,
Inconcluso,
VivaVida
12 de enero de 2011
Sólo el recuerdo
Hoy me levanté rara. Casi triste y melancólica. No suelo levantarme así, está bien que me cuesta iniciar porque tengo que cargar muchas aplicaciones, pero triste? Nunca.
Es que me agarró una nostalgia de muerte, y entiendase por esto a la parte en que la muerte deja el recuerdo y el "nunca más" se vuelve una frase tangible que recorre la espalda y ahoga en el estómago el asomo de la risa.
Pensé en todos los seres que se fueron al cobijo de otra existencia. Desde el pobre gatito que sentí que maté cuando quería que no muriera (esto me causa un terrible dolor cada vez que me acuerdo y era tan chiquita. En serio que hay sensaciones que no se olvidan), mi abuela Lotte a la que nunca le envié la carta que escribí a los 12 años diciéndoleque la extrañaba, mi viejo del que tengo algunos recuerdos de anécdotas con mi tía Nelly que no puedo repetir porque no me acuerdo y un chiste que contó una vez y me lo sé de memoria. Mi tía Nelly que sentí que me quiso durante el poquisimo tiempo que la ví viva. Mi abuela Rosita que me compraba alfajorcitos Jorgito y dulce de leche cada vez que se enteraba que iba. María Elena Walsh que alegró mis tardes de niña y me enseñó las letras más hermosas con las que aprendí a cantar y que todavía le canto a mi sobrina.
Hoy estoy de luto por todos lo que ya no podré ver. Por los que nunca más podré decirles nada. Solo escribir en su homenaje. Hoy realmente me duele no creer en el cielo.
Es que me agarró una nostalgia de muerte, y entiendase por esto a la parte en que la muerte deja el recuerdo y el "nunca más" se vuelve una frase tangible que recorre la espalda y ahoga en el estómago el asomo de la risa.
Pensé en todos los seres que se fueron al cobijo de otra existencia. Desde el pobre gatito que sentí que maté cuando quería que no muriera (esto me causa un terrible dolor cada vez que me acuerdo y era tan chiquita. En serio que hay sensaciones que no se olvidan), mi abuela Lotte a la que nunca le envié la carta que escribí a los 12 años diciéndoleque la extrañaba, mi viejo del que tengo algunos recuerdos de anécdotas con mi tía Nelly que no puedo repetir porque no me acuerdo y un chiste que contó una vez y me lo sé de memoria. Mi tía Nelly que sentí que me quiso durante el poquisimo tiempo que la ví viva. Mi abuela Rosita que me compraba alfajorcitos Jorgito y dulce de leche cada vez que se enteraba que iba. María Elena Walsh que alegró mis tardes de niña y me enseñó las letras más hermosas con las que aprendí a cantar y que todavía le canto a mi sobrina.
Hoy estoy de luto por todos lo que ya no podré ver. Por los que nunca más podré decirles nada. Solo escribir en su homenaje. Hoy realmente me duele no creer en el cielo.
3 de enero de 2011
Si me dijeran: Pide un deseo...
El sol inesperado por la ventana. La cama tendida con cuidado. Las almohadas desordenadas. La estación de radio que quiero. Las inmaculadas paredes vacías. Los cuadros que sueño. Los cubiertos guardados por cuatro años. El día de sol eterno de mi baño amarillo. Las toallas nuevas. El placard perfumado. El ventilador con delate. La mesa de madera. El sillón verde que aún espero. Las cortinas que no puse. El cigarrillo que me fumo en el silencio. El único par de sabanas. Las macetas coloridas aún sin flores. La potente ducha. Los platos limpios. Los vasos que quedaron de la noche. Algún cenicero vacío. La paz. El viento que entra por la ventana. Los vecinos silenciosos. El olor a comida en los pasillos. Las cajas haciendo de mesita de luz. Las cajas que me niego a vaciar. La mano de madera junto al hombre bailarín. Las revistas de decoración. Los enchufes que me faltan. Las compras ansiosas. El aroma de mi casa. La felicidad plena en dos ambientes acompañados de los ruidos y silencios de una vida plena. Mi vida.
29 de noviembre de 2010
Happy birthday to ME!
A las 00:00 hs del día de hoy, mi novio me llenó de besos mientras me abrazaba fuerte y me deseaba feliz cumpleaños con esa vocesita infantil que tanta ternura me causa. Despúes me llegaron mensajes por todos lados hasta que la batería de mi celular no dió a basto y se murió. Yo me dormí feliz. Sabía que al despertarme estaría cerrando un año e inagurando otro y que el espejo me encontraría radiante con la sonrisa que me esmero en pulir todos los 29 de noviembre en que celebro mi natividad. Es claro que soy una de esas raras personas que festejan su cumpleaños como si hubiesen ganado la lotería jugando a los primero numeros que encontraron. Así, llena de júbilo me voy paseando por la vida y sus pasillos con paso altivo, con el alma sobre la frente, con los brazos tendidos para quien quiera desearme suerte. Así nomás, voy juntando recuerdos y balances. Mejor que el anterior, no tan bueno como el proximo, el nuevo año me recibe con la mujer en la que me convierto mientras apago velitas y enciendo estrellas, mientras las cosas van perdiendo y ganando importancia, mientras me acuerdo de aquellos juegos y me propongo metas (algunas las cumplo, otras quedan pendientes, no hay apuro), mi edad es el resultado de mi experiencia y por ella sé que siempre hay algo que festejar, que los 30 son solo la mitad de 60 y que algún día tienen que llegar, que a los 40 estaré tan hermosa como a los 20 pero mejor y que ojalá pueda festejar tantos años como felicidad me cause cumplirlos.
Es así, hoy cumplo 28 años y soy feliz.
Es así, hoy cumplo 28 años y soy feliz.
20 de octubre de 2010
Deja Vú
Y si le digo que no? Si recorro apenas la comisura de sus labios con la punta de los dedos. Si desabrocho un botón y otro botón. Si le muerdo como un cachorro despacito la barbilla. Si huelo su piel hasta sentirla estremecer en la nariz. Si enredo mis dedos completos en su pelo y cierro los puños para poder sentirlo en los huecos entre dedo y dedo. Si mi lengua recorre el lóbulo de la oreja, el cuello, el inicio de los hombros. Si mis manos aprietan la cintura, agarran como una garra la finalización de la espalda.
Después de eso,le puedo decir que no?
Ella seguía mirándolo.
-Vamos a casa. - La escuchó susurrar.
No la miró. Se levantó, tomó la campera y salió por la puerta del bar.
Otra vez no. Dijo mientras se ponía la campera.
El frío le dio directo en la cara.
Después de eso,le puedo decir que no?
Ella seguía mirándolo.
-Vamos a casa. - La escuchó susurrar.
No la miró. Se levantó, tomó la campera y salió por la puerta del bar.
Otra vez no. Dijo mientras se ponía la campera.
El frío le dio directo en la cara.
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De Amores y Des Amores,
Una vez me contaron,
VivaVida
20 de septiembre de 2010
En qué pensás? En nada.
Si me preguntan, opino sobre la vida y digo convencida, que hay cosas que no valen la pena, no tienen remedio. Si me preguntan, tambien puedo hablar de cuanto me molesta la hipocrecía sin tener en cuenta el big mac que me comí el martes del lunes que "empecé" la dieta. Si me preguntan, puedo expresar que el amor es un antídoto y la pena de amor la creencia de que realmente funcione, y me creo esta verdad hasta que me refuto mi propia idea en la lengua del otro, y aprendo. Si me preguntan, tambien puedo cambiar de opinion pero siempre voy a sostener lo inevitable, tengo ganas de hacerlo. Si no preguntan no pregunto, pero solo si me pregruntan.
2 de septiembre de 2010
Olor a felicidad
Sintí el olor a milanesas (con ensalada de zanahoria y huevo)y la nostalgía me devolvió a ese piso gris de plástico donde la amada señora de pelo anaranjado, en ese momento ficticio pero tan parecido al original, ya había puesto la mesa. Y sonreía (sonreía?).
Desde nilña las milanesas me resultan una porción de felicidad, mi comida favorita, porque no es que sea la más rica, es porque nunca estuvo asociado con algo que no fuera un festejo, y porque esa señora de ojos grandes color topacio atrás de unos anteojos enormes me prestaba las halajas para que yo jugara y mientras en pleno sol de enero se dormía la siesta, podía jugar al kiosco con los caramelos de papel frutilla y sentirme grande comiendo uno de menta y chocolate. Porque nunca probé una mermelada de frutilla más rica y porque el espejo al final de pasillo me veía màs grande cada verano. Por eso, cuando siento el olor a milanesas el corazón me da un repingo y extraño con toda la piel de niña las manos manicuradas de mi abuela Lotte a quien abrazo con el mejor de mis recuerdos y le agradezco hacer que comer milanesas, sea una fiesta.
Desde nilña las milanesas me resultan una porción de felicidad, mi comida favorita, porque no es que sea la más rica, es porque nunca estuvo asociado con algo que no fuera un festejo, y porque esa señora de ojos grandes color topacio atrás de unos anteojos enormes me prestaba las halajas para que yo jugara y mientras en pleno sol de enero se dormía la siesta, podía jugar al kiosco con los caramelos de papel frutilla y sentirme grande comiendo uno de menta y chocolate. Porque nunca probé una mermelada de frutilla más rica y porque el espejo al final de pasillo me veía màs grande cada verano. Por eso, cuando siento el olor a milanesas el corazón me da un repingo y extraño con toda la piel de niña las manos manicuradas de mi abuela Lotte a quien abrazo con el mejor de mis recuerdos y le agradezco hacer que comer milanesas, sea una fiesta.
31 de agosto de 2010
Dolor de lunes
Ya no quedaba la risa. Una mancha negra subía por su pecho encogido. Una lágrima tatuada como un Pierrot.
En la penumbra se deslizaban sus males hasta las manos y ya no podía oír, no quería escuchar la decisión que no había tomado.
Cerró los ojos agotada de pensar y en medio de un café se sintió abandonada e injusta con su propio ser.
¿Qué quería enseñar si no lo había aprendido? Las voces de otros se entremezclaban con su propia voz.
Silencio! pero el grito quedó ahogado en la garganta junto con todas las cosas que había repetido una y otra vez, ahora sin esperanza.
Tratar de entender le hacía poner las manos en puño. Quería que alguien entendiera lo que sentía. Qué no era tan fácil, que el horror la contemplaba en cada sílaba que
enlazaba con otra intentando formar el discurso preparado, modificado, releído y sentido en pena tantas veces.
Sintió que el rompecabezas se deshacía de pieza en pieza y que era demasiado alto el precio por el amor. Demasiado alto el amor incondicional para tan poca devolución.
Recordó sus palabras y el enojo cegó cualquier otro sentimiento.
Vos me hacés daño!
Y después no supo continuar lo irreversible.
En la penumbra se deslizaban sus males hasta las manos y ya no podía oír, no quería escuchar la decisión que no había tomado.
Cerró los ojos agotada de pensar y en medio de un café se sintió abandonada e injusta con su propio ser.
¿Qué quería enseñar si no lo había aprendido? Las voces de otros se entremezclaban con su propia voz.
Silencio! pero el grito quedó ahogado en la garganta junto con todas las cosas que había repetido una y otra vez, ahora sin esperanza.
Tratar de entender le hacía poner las manos en puño. Quería que alguien entendiera lo que sentía. Qué no era tan fácil, que el horror la contemplaba en cada sílaba que
enlazaba con otra intentando formar el discurso preparado, modificado, releído y sentido en pena tantas veces.
Sintió que el rompecabezas se deshacía de pieza en pieza y que era demasiado alto el precio por el amor. Demasiado alto el amor incondicional para tan poca devolución.
Recordó sus palabras y el enojo cegó cualquier otro sentimiento.
Vos me hacés daño!
Y después no supo continuar lo irreversible.
25 de julio de 2010
Los pies volveran a saber cómo no es tropezar... Para Andrea.
Sus manos dijeron lo que su boca callaba mientras pintaba sus labios de rojo. No poder decirlo gritando acentuó el modo en que arregló su cabello. Los ojos verdes prendidos aún conservaban la tristeza pero realzaban su determinación. No más. Se hinchó su pecho como de aire contenido pero no era eso. El espejo le devolvía una imagen conocida, un recuerdo que volvía a repetirse en sensación. Delineó suavemente sus ojos. Un poco de rimel para aumentar las pestañas. Para agregar nitidez a sus decisiones. No había nada más que pintar, ni arreglar sin embargo necesitaba quedarse un poco más apreciando la mujer que crecía a espaldas del espejo. La punta de los dedos fríos se apoyaban en el centro de su palma casi en un puño, casi en una garra.
Aspiro profundo y contuvo un instante el aire mientras levantaba los brazos sobre su cabeza. Sería como luz pura saliendo de sus poros, llenando la oscuridad hasta aclararlo todo, hasta poder ver lo que había oculto, lo que su propia realidad venía negando. Saldría en forma de furia de vendaval. Sería tormenta. Rayo. Tempestad. Luego, el mar sería su cuna. Descansaría en el barco de papel que una vez hizo distraída. Sería sonrisa, canto! Miraría sus marcas como tatuajes y los llenaría de rosas, de estrellas! Estará viva!
Sonrió. Posó su mano y acercándose despacio besó sus labios en el espejo.
Aspiro profundo y contuvo un instante el aire mientras levantaba los brazos sobre su cabeza. Sería como luz pura saliendo de sus poros, llenando la oscuridad hasta aclararlo todo, hasta poder ver lo que había oculto, lo que su propia realidad venía negando. Saldría en forma de furia de vendaval. Sería tormenta. Rayo. Tempestad. Luego, el mar sería su cuna. Descansaría en el barco de papel que una vez hizo distraída. Sería sonrisa, canto! Miraría sus marcas como tatuajes y los llenaría de rosas, de estrellas! Estará viva!
Sonrió. Posó su mano y acercándose despacio besó sus labios en el espejo.
11 de abril de 2010
Sin titulo
Cumplía el 19 de noviembre. Le decían Puper pero su nombre era Roberto Banus. Chico popular, le salía carisma por los poros. Le sobraba buen humor escorpiano y no habìa que encontrarlo de mal humor o enojado pero si lo encontrabas bastaba con distraerlo y repartía chistes. Lo conocí un día a mis 14 años. Compartí algunas cosas con él a causa de su noviazgo con mi amiga, tres años y medio es todo una vida a esa edad. El primer amor de la niña rubia. Siempre le dedico un pensamiento a él, a su nombre, a la forma en que me acuerdo cuando la mamá de Lucía me dijo que estaba muerto. Me acuerdo de mi amiga destruída en el sillón. Me acuerdo del miedo que me causó no entender el porqué. No entender cómo si los pies le llegaban al piso, si podría haberlo evitado, si todavía podría seguir ahora dando vueltas por la vida, contando anecdotas, riéndose del mundo. Nunca entendí como tuvo tanto valor para ser tan cobarde.
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