Buscar este blog

31 de marzo de 2011

Batalla Naval

Entoncés se rompió el mastil mayor y el grito de los hombres quebró el silencio del cielo. El corazón acelerado en las manos firmes con que sostenían el fusil. Un poco más -se alentaban entre ellos- y el olor a polvora se regaba en el aire de sus pulmones. Ya eran solo alaridos de dolor y de guerra. Rugidos de carne y violencia sobre la puerta de su victoria. No eran mente. No había nada que pensar. Solo clavar la espada. Solo disparar la balas. El barco se desarmaba y se llenaba de cuerpos. Ya casi y su voluntad era más fuerte. Sobrevivir al ciego dolor de perecer en la batalla perdida. Se callaron las armas y surgió la conciencia de morir o de matar. En sus manos llenas de cayos y sal de mar el fusil y la espada se desprendían mientras crecía en su interior la sombra de la guerra victoriosa. La sombra de la muerte otra vez vencida.

21 de marzo de 2011

Literal

-Algún día te vas a descuidar y te voy a matar de un beso- le dijo sonriendo.
Ella salió de la habitación y recorrió sin pausa el camino hacia la armería.
Compró un revolver y se fue a su casa a esperarlo.El nunca apareció.
Pasaron los años y el revolver descansó escondido debajo de su almohada junto con el
resto del polvo. No se caso, no tuvo hijos ni amigos ni perro ni canario.
A los 85 años a punto de dormir, saco el revolver, lo envolvió en una franela y lo puso
en el cajón de su mesita de luz.
Cuando se quedó a oscuras, él apareció entre las sombras. Se paró al lado de la cama y
vió como ella lo miraba.
- Te dije- susurro- y la besó hasta matarla.