Me lleno los pulmones de aire cada vez que el día me permite salir a la superficie de mis deseos, cuando veo ese sol desplazarse por entre medio de las sombras, cuando siento como su calor me hierve la sangre y se acelera el golpeteo del corazón. Soy libre, completa y en paz. He tomado decisiones que dejaran cicatrices, marcas que no permitirán que me olvide, que me distraiga. Con la mirada alta, con la vista plena en todo lo que me rodea, busco y exploro esa nueva maravilla, ese sabor agridulce en la boca del futuro, del camino iluminándose como un juego. No hay nada de lo que no sea capaz, no hay nada que quiera guardar, o esconder o ignorar. Todo es una escama de mi piel que se abre, se estimula y se impulsa al mínimo tacto, al mínimo roce de la vida, a la posibilidad y la espera de la sorpresa, del asombro, del milagro de ser, estar y elegir.
Y entonces de nuevo, para no olvidarme, para no ignorarlo, para no distraerme:
No hay nada más importante que mis ganas de ser feliz.
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30 de diciembre de 2011
13 de diciembre de 2011
A veces no dejo de llorarte
Cuando vuelva de este viaje ya todo será distinto. Mi sonrisa será solo mía, y tu perfume se irá disolviendo de mis almohadas y mi alma, de mis tiempos y mis horas sin vos. Cuando vuelva ya no estarán las fotos colgando de recuerdos felices, ya no será "nuestra" la casa ni el recorrido. Ya no seremos más que vos y yo. La vida seguirá con nuestros pasos separados y el camino que alguna vez nos cruce, y tu boca me preste un beso para que recuerde como fue tuyo este corazón que ahora llora la suerte del mal de amor. O tal vez solo seas el nombre tatuado en mi frutilla cuando todo era hermoso y lo hacíamos juntos, cuando todo era una excusa, un reproche, un grito, un enojo hecho tristeza que no pasa. Cuando volvamos, voy a volver sola, sin tus manos, ni tu abrazo, ni tu beso en la frente. Sin tus ausencias, tus juicios y tu malentendido. No amanecerán en mis piernas las tuyas y no me silbarás cuando pase en ropa interior ni te sonreiré pícaramente para que terminemos haciendo el amor en la cama. Ya no seré lo que era, ya no serás para mí. Esta vez voy a tener que devolverte el corazón, roto, puede ser, como el mío, seguramente.
Y entre todo, buena suerte y adios.
Y entre todo, buena suerte y adios.
7 de diciembre de 2011
Te miro
Te miro. No te das cuenta, pero te estoy mirando.
Te miro desde atrás de un vidrio que cubre mi acecho, nadie sospecha mis intensiones y puedo mirarte, recorrerte a mis anchas porque no te das cuenta, no ves mi media sonrisa ansiosa por descubrir tu cuerpo.
Tu día pasa indiferente a mi presencia porque no me ves, porque no sentís como te persigue mi mirada cuando te pasás la mano por el pelo, cuando tu boca hace una mueca y me provoca querer preguntarte: Qué piensan tus manos mientras te miro, que imagen de repente llega a tus labios, que arrojo de asombro descubren tus ojos? Te miro desde lejos, te persigo, te vigilo como un cazador a su presa, como un vampiro esperando la noche. No te das cuenta, pero te miro. Te miro reír, y me sonrío, conozco tu risa, se como suena, como se despierta y vibra en el aire. Te miro y te imagino.
Tus ojos se vuelven al cristal oscurecido, y no te das cuenta pero están mirando los míos.
Te miro desde atrás de un vidrio que cubre mi acecho, nadie sospecha mis intensiones y puedo mirarte, recorrerte a mis anchas porque no te das cuenta, no ves mi media sonrisa ansiosa por descubrir tu cuerpo.
Tu día pasa indiferente a mi presencia porque no me ves, porque no sentís como te persigue mi mirada cuando te pasás la mano por el pelo, cuando tu boca hace una mueca y me provoca querer preguntarte: Qué piensan tus manos mientras te miro, que imagen de repente llega a tus labios, que arrojo de asombro descubren tus ojos? Te miro desde lejos, te persigo, te vigilo como un cazador a su presa, como un vampiro esperando la noche. No te das cuenta, pero te miro. Te miro reír, y me sonrío, conozco tu risa, se como suena, como se despierta y vibra en el aire. Te miro y te imagino.
Tus ojos se vuelven al cristal oscurecido, y no te das cuenta pero están mirando los míos.
6 de diciembre de 2011
A los enemigos ni justicia
Porque soy una dama no te estampo mis nudillos en medio de esa nariz de perro chihuahua con cara de triste infelíz que tenés. Porque soy respestuosa no te grito que sos un traidor, mentiroso, embustero y poco hombre, que más vale que en tu vida te me cruces o te apropeyo con la ganas que puede tener un muerto de hambre de comerse un pollo. Porque no soy de tu clase no te rebajo al insecto inmundo que sos para no insultar a la naturaleza, que pone cada criatura en su lugar y de vos evidentemente se olvidó porque sobrás en la vida. Porque tengo el cargo que tengo te perdono por unica vez que hayas pensado siquiera en la idea de traicionar mi confianza, y porque en tus míseros días en este lugar vas a poder pedirme el más ínfimo favor, sin que te mire con cara de que sos un malaprendido, atrevido, poca cosa y sin mucho más te diga que no.
Como buena, buenísima, como mala le pongo empeño.
Como buena, buenísima, como mala le pongo empeño.
¿Quién es Francisco Gazzano?
Tropieza con todo lo que la vida cotidiana le pone enfrente, pero en vez de caer, sonríe. La gente que no lo conoce puede pensar que esa torpeza es parte de su naturaleza despojada y hasta pueden confundirse e interpretar que le faltan algunas luces producto de su crecimiento acelerado. Es la risa bonachona y los movimientos exagerados de las manos, pero atrás de esa simplicidad, Francisco vigila todo a su alrededor. Dice que escribe cuentos, pero su mente despierta rememora detalles de las observaciones exaustivas que su signo de Géminis lo insta a tomar ,y los vuelca en informes donde una persona común encontrará una historia maravillosa, pero si se lee entre lineas, si se tiene desarrollada la capacidad de entrever realmente como son las cosas, uno reconoce descripciones de una mirada que no pasa por alto la naturaleza, que sabe por su experiencia de observador, que hasta el mínimo detalle puede desatar sensaciones inesperadas, por eso Francisco mira agazapado detrás de comentarios graciosos, las reacciones de sus objetos de estudio y los colecciona en una libretita negra que saca con disimulo, cuando piensa que nadie lo mira, cuando cree que realmente ha logrado engañar con su risa estridente a todos, que todos pensaremos que el es "simplemente" un hombre de pasos largos y poco medidos, de manos grandes y voladoras, de ojos expresivos y alertas, de un humor inteligente e infantil, yo sé, porque lo he mirado, que en realidad es una mente brillante.
25 de noviembre de 2011
Reloj de Arena
Fijate una cosa. No es que yo sea una bruja ingrata que ando volando con la escoba y riéndome a carcajadas. A veces me cuesta sonreírle al espejo y las siete de la mañana me dan ganas de llorar.
Te parecerá mentira que tenga ganas de meterme abajo de una frazada y cinco minutos despúes corretee por la casa, es solo la esperanza de un tiempo mejor. Fijate. Atrás de los ojos tengo un río dulce reservado para momentos especiales. Está añejado como un buen whisky, porque hace mucho que no tengo nada que reservar. La risa se me gasta más rápido pero los designios del corazón son poderosos y cuando entra la cabeza, se brinda con whisky. Había olvidado el sabor metálico de las penas y qué afortunada me sentía, que lejos se veían las imágenes gastadas de los albumnes rotos. Fijate una cosa. Aunque parezca un juego, esta situación es tan seria como el tiempo que desarma mi reloj. Nunca me acostumbré a depender de la hora pero deseo desesperadamente que los minutos y los días y los meses, se mueran rápidamente hasta que ya no quede nada, y pueda empezar de nuevo.
Te parecerá mentira que tenga ganas de meterme abajo de una frazada y cinco minutos despúes corretee por la casa, es solo la esperanza de un tiempo mejor. Fijate. Atrás de los ojos tengo un río dulce reservado para momentos especiales. Está añejado como un buen whisky, porque hace mucho que no tengo nada que reservar. La risa se me gasta más rápido pero los designios del corazón son poderosos y cuando entra la cabeza, se brinda con whisky. Había olvidado el sabor metálico de las penas y qué afortunada me sentía, que lejos se veían las imágenes gastadas de los albumnes rotos. Fijate una cosa. Aunque parezca un juego, esta situación es tan seria como el tiempo que desarma mi reloj. Nunca me acostumbré a depender de la hora pero deseo desesperadamente que los minutos y los días y los meses, se mueran rápidamente hasta que ya no quede nada, y pueda empezar de nuevo.
24 de noviembre de 2011
Ríos de lágrimas
Decidió poner de nuevo todas las cosas dentro de la caja, lloraba intensamente y a veces no podía ver por el torrente de lágrimas. Mientras las iba colocando en un orden que le pareció propicio (como venga), releyó todo lo que decían. Algunas cosas la hicieron reír, otras le arrugaron la ropa del recuerdo y cuando ya estaba suspirando, volvió a llorar. Había pasado ya tanto tiempo. Era dificil volver a pertenecerse otra vez, no encontrar otro reflejo en el espejo, otra taza en la pileta. El placard pulcro y ordenado que no vería jamás. Se esfumaron entonces los desayunos, las peleas domésticas, los hijos que no llevarían sus ojos, ni la nariz repingada ni las pestañas al cielo. Sentía la humedad salada bajar hasta su boca. La distrajo el sonido exterior. Las manos estaban ásperas y sucias de polvo. Tenía las mejillas manchadas de tierra oscura y gris que marcó el dorso de la mano cuando se secó las lágrimas. Ya todo estaba guardado, igual que un poco de corazón que había quedado remendado a las fotos, a un pasado tan inminente como necesario. Era una caja demasiado chica, le pareció injusto su tamaño frente a lo que había sido inmensamente grande.
La casa estaba en absoluto silencio, salvo por el sonido recurrente de su nariz soltando mocos en el sin fin de bollos de papel cubriendo el piso.
Se quedó mirando a su alrededor y sintió que no había cajas suficientemente grandes para guardar la vida. El silencio seguía ahí, mezclado con la penumbra de la tarde. Sin ningún esfuerzo de contensión lloro escandolasamente hasta que sintió que se le había exprimido cualquier partícula de líquido en su cuerpo. Fue hasta el baño y se miró al espejo, la imagen que le devolvió no era una delicia: estaba absolutamente despeinada, con los ojos rojos e hinchados igual que la nariz y la boca. La cara sucia del secado contínuo de las lágrimas. Estaba a punto de abrir la boca en un alarido para llorar de nuevo, pero la detuvo notar un bello revelde crecido en el párpado. Lo miró con atención acercándose al espejo y lo extrajo de un tirón con la pinza depilatoria. Se miró de nuevo: mucho mejor. Soltó una rizotada y se rió hasta que le dolió el estómago. Abrió la ducha, se baño, se vistió, se perfumó y se fue a tomar un helado con una compañia tan conocida como bienvenida: Ella misma.
La casa estaba en absoluto silencio, salvo por el sonido recurrente de su nariz soltando mocos en el sin fin de bollos de papel cubriendo el piso.
Se quedó mirando a su alrededor y sintió que no había cajas suficientemente grandes para guardar la vida. El silencio seguía ahí, mezclado con la penumbra de la tarde. Sin ningún esfuerzo de contensión lloro escandolasamente hasta que sintió que se le había exprimido cualquier partícula de líquido en su cuerpo. Fue hasta el baño y se miró al espejo, la imagen que le devolvió no era una delicia: estaba absolutamente despeinada, con los ojos rojos e hinchados igual que la nariz y la boca. La cara sucia del secado contínuo de las lágrimas. Estaba a punto de abrir la boca en un alarido para llorar de nuevo, pero la detuvo notar un bello revelde crecido en el párpado. Lo miró con atención acercándose al espejo y lo extrajo de un tirón con la pinza depilatoria. Se miró de nuevo: mucho mejor. Soltó una rizotada y se rió hasta que le dolió el estómago. Abrió la ducha, se baño, se vistió, se perfumó y se fue a tomar un helado con una compañia tan conocida como bienvenida: Ella misma.
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