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25 de febrero de 2015
Abracadabra
En medio de aquella desolación que parecía ser mi mente, con los libros atrapados entre mis brazos, con la mirada perdida en la lejanía de las posibilidades y los errores, de la boca perdida en mi propia boca, de aquellas palabras imposibles de pronunciar, tu presencia me agarró desprevenida. Igual que lo hicieron el hilo de oraciones con más sentido de lo que había podido concretar en toda la semana. Una hilación de conjeturas que asomaban por tus ojos como magníficas verdades, como si estuvieras leyendo la palma de mis manos, espíando mis días y mi vida sin que me percatara. Asentía despacio con la cabeza todo lo que tu mente verbalmente me manifestaba, porque eran tus decisiones las que comentabas, y eran mis desiciones las que había tomado. Te alojaste como un signo de admiración en mi sorpresa, en esa posibilidad casi imposible, de encontrar en las manos de otro mis esperanzas, no de amor, no de compañía, sino albergar la esperanza de sentirme entendida, avistada, ideada en mis propias maravillas como puedo hacerlo yo misma, a sabiendas del puro conocimiento que todo mi ser tiene de sí mismo, pero encontrar otro ser similar, otro estallido caminando por Buenos Aires con inquietudes cosquilléandole en los dedos, un viernes tan distinto e igual a mil otros, una noche con la mitad de la estrellas, en un lugar que solo la voluntad y el destino me habían colocado, y ahí estabas, y no hiciste más que encontrarme, y no hice más que mirarte, y después, todo fue magia.
20 de febrero de 2015
Viento Norte
El viento me daba en la cara, igual que el sol que más que implacable como me habían dicho, me hacía sentir más cerca del Universo que cualquier aire acondicionado. Las piernas se cansan pero no es momento de parar, el paisaje pasando como un deseo se va rearmando con cada pedaleada. Río como una niña. No ví nada tan bello. Estamos caminando por un viñedo y casi puedo distinguir la primera estrella. Adelante la inmensidad se va asomando de a poco hasta que ya no puedo dejar de verla. Las montañas y los cerros me pintan en la cara una sonrisa plena y recuerdo que alguna vez aprendí a bailar Chacarera. Subimos entre las nubes y la tierra parece desaparecer ante mi vista, vamos flotando en ruedas subiendo al infinito. Al rededor la gigantesca naturaleza se ríe de mi pequeñez, y siento que la vida aún es más grande y mía. Tomo mate bajo una vid que se ha secado entera al sol, respiro la tierra húmeda bajo mi pies. Quisiera guardar con todo detalle lo que veo, cierro los ojos y memorizo como se siente ver toda esa maravilla. La tierra se viste de colores.
Todos los colores se crean como líneas gruesas y finas, la envidia de cualquier artista. No ví nada tan mágnifico, pienso y me sacuden la vista danzando al compás de la música, ha llegado el Carnaval y la comparsa baila. Sonríen los bailarines como pequeños magos y siento el cosquilleo de la felicidad como magia ocuparme todo el cuerpo. Soy felíz y río a carcajadas. Subimos solo tres como en una expedición y el paso del otro es el empuje de uno, llegamos con nada de aire, pero abajo todo se despierta y por un escaso silencio, estamos en la cima del mundo. El agua fría me sorprende en la piel y siento la energía de la cascada mecerse en mi cuerpo, siento su sabor en la boca cayéndome desde el pelo. Nunca se sintió mejor. La música me llega de todos lados. Hay gente tocando música que le sale desde adentro, la velocidad de los rasguidos, las voces finas de las "cholas", los carraspeos desgarradores de los "chinos". El Diablo se desentierra cuando baja el sol. Tomé vino y comí cabrito, el Diablo lo tengo casi de amigo, bromeo. Con el último rayo del astro, cien personas hacen silencio y del pozo donde descansan los bichos de este año, se queman hojas aromáticas y se le da a la Pachamama frutas y alcohol. Fue un increíble año, sin nada que pedir por mí, pienso en mis compañeros de ruta, todos los que me siguen, que se intercambian conmigo cuando los necesito seguir. Pienso en las personas que conocí, en las que me acompañaban en la aventura, en los que andaban en sus propias aventuras. Llené mi corazón completo de coplas y bailes, de risas a carcajadas, de aquello que necesitaba para dejar lo que ya no. Puse mis males debajo de una piedra en un inmenso salar que refleja el cielo. Llego a mi casa y todo lo que veo me hace feliz.
Todos los colores se crean como líneas gruesas y finas, la envidia de cualquier artista. No ví nada tan mágnifico, pienso y me sacuden la vista danzando al compás de la música, ha llegado el Carnaval y la comparsa baila. Sonríen los bailarines como pequeños magos y siento el cosquilleo de la felicidad como magia ocuparme todo el cuerpo. Soy felíz y río a carcajadas. Subimos solo tres como en una expedición y el paso del otro es el empuje de uno, llegamos con nada de aire, pero abajo todo se despierta y por un escaso silencio, estamos en la cima del mundo. El agua fría me sorprende en la piel y siento la energía de la cascada mecerse en mi cuerpo, siento su sabor en la boca cayéndome desde el pelo. Nunca se sintió mejor. La música me llega de todos lados. Hay gente tocando música que le sale desde adentro, la velocidad de los rasguidos, las voces finas de las "cholas", los carraspeos desgarradores de los "chinos". El Diablo se desentierra cuando baja el sol. Tomé vino y comí cabrito, el Diablo lo tengo casi de amigo, bromeo. Con el último rayo del astro, cien personas hacen silencio y del pozo donde descansan los bichos de este año, se queman hojas aromáticas y se le da a la Pachamama frutas y alcohol. Fue un increíble año, sin nada que pedir por mí, pienso en mis compañeros de ruta, todos los que me siguen, que se intercambian conmigo cuando los necesito seguir. Pienso en las personas que conocí, en las que me acompañaban en la aventura, en los que andaban en sus propias aventuras. Llené mi corazón completo de coplas y bailes, de risas a carcajadas, de aquello que necesitaba para dejar lo que ya no. Puse mis males debajo de una piedra en un inmenso salar que refleja el cielo. Llego a mi casa y todo lo que veo me hace feliz.
3 de noviembre de 2014
A(dentro)D(e)N(osotros)
Lo miraba desde un rincón del restorant donde habían quedado en reunirse. Había pedido un café que inevitablemente se enfriaba mientras toda su atención estaba puesta en aquel hombre. Sentía el sudor en las manos como una película pegajosa y el corazón palpitando en la ansiedad y el miedo de haber cometido un error, de que las cosas no salieran como esperaba. Rondaba en su cabeza un recuerdo nítido de una mano tomando la suya, cubriendo sus dedos pequeños. Un segundo guardado en la memoria, sin sonido, sin espacio ni tiempo. Pero ahí estaba sentado. La espalda corvada enfundada en un suéter viejo, apelmazado por el tiempo y los lavados. Pensó que podría oler a naftalina, a cajones cerrados y la soledad que denotaba el descuido en su ropa. No quiso interrumpir el impulso que había tenido de ir hacia su encuentro, y tiro dos billetes suficientes para cubrir el café y la propina. Se paró al costado de su mesa y el levantó la cabeza para mirarla. Sus ojos se encontraron y puertas que creyó cerradas para siempre, se abrieron erizándole la nuca. Pudo sentir cada poro de su piel expandirse, y el vacío creciendo a su alrededor. No era una persona que no esperara, era tal y como lo había imaginado en todos esos años de ausencia; fueron sus ojos los que la dejaron sin habla, la familiaridad de su mirada, el gesto conocido. Era su padre tan claramente como el gesto adusto que compartían su cara y su postura. Le pareció casi mágico reconocerse en otro ser humano con tanta familiaridad. Tenía tantas preguntas para hacerle, tantas esperanzas de que tuvieran finalmente una respuesta que les correspondiera. Su voz apenas fue un susurro cuando dijo su nombre, y un susurro respondió al saludo acompañado de unos ojos tristes y cansados, coronados con unas tupidas cejas entrecanas. La boca de su padre se curvaba en un gesto desacostumbrado parecido a una sonrisa. Mariana se sentó temblando con expectación, miedo, júbilo, y un remolino de sensaciones que le acariciaban la piel y el cuero cabelludo. Se miraron largo rato sin decirse una palabra. El estiró una mano lentamente hasta la suya, sintió su calor, la aspereza de la piel curtida por el trabajo.
20 de octubre de 2014
Contamelo Todo
Me vas a contar todo de tu vida porque así lo voy a preguntar. Quiero conocer que rodea tu cabeza. Si tenés hermanos. Si tus viejos están separados. Cuál es tu sueño más grande y qué opaca su cumplimiento. Vas a contarme todo como si lo dijeras por primera vez porque así voy a escucharlo. Hasta que me digas el porqué de tus cosas y porqué son tan grandes, tan pequeñas, o tan irreales. Me vas a contar todo porque quiero saber con la persona con la que hablo, con la que por un momento inicial, mantengo un vínculo único. Es fácil: Vos hablás, yo te escucho. Me vas a contar todo como si me interesara, porque así es. Aunque después sólo seas un punto minúsculo en todo el universo. A veces pasa. Somos tan infinitos o tan ínfimos como a quién le interese.
14 de septiembre de 2014
Cleo
Sonríe y el cielo se despeja en mi cara, su mano toma la mía para cruzar la calle y rápidamente la suelta al llegar al parque. Retoño de un niño empezando a florecer a la vida, a sus asombros y pesares, a sus puertas por abrir y a sus ventanas aún cerradas. La veo crecer tan rápido que dejar de mirarla me da miedo y me tiembla el pánico en la piel de que algo le suceda. Beso su frente curtida descubriendo que nunca nada y nunca nadie, fue amado con la intensidad con que la amo a ella, sangre de mi sangre, despliegue infinito de los motivos de mi alma, de la motivación de mis tardes compartidas, cuando me espera y me llama, y yo llego a su abrazo como quien llega al paraíso.
25 de agosto de 2014
Atendeme una cosita, una sola rápida y fugaz, como esas cosas que se dicen al pasar como susurradas, esas que quedan amontonadas en el oído del receptor o en la atención de los curiosos, de esas palabras como voladas que nacen de una boca y a veces no mueren en ningún lado, se pierden en el eter de los sonidos, tan existencial y sensible, tan moderamente bajo como para realizar el esfuerzo de captarlo, salvo que estés atento a este minúsculo y atemporal intento de que me escuches pensar que me muero por besarte.
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