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15 de mayo de 2012

Las flores de mi balcón

Desde mi florido balcón veo su torre. Tan oscura como brillante, dependiendo del ángulo que se vea.
Su mirada siempre fija en mi ventana como un faro, una guía que me llama y me lleva. A veces despierto en medio de la noche sonrojada por el roce de sus besos. Un sueño, me repito, aunque siento palpitar sus labios en mi boca. Nada puede apartar mi pensamiento de su erguida figura, su espera inalterable, su tenacidad en el seguimiento de mi vida. Lo espío entre las cortinas que revolotean por los días, lo sigo con mi inquietud, con la curiosidad que me despierta su mente alerta. Sólo desde la distancia puedo mirarlo, llena de miedo en mi alto balcón. Miedo a mi corazón desbocado, a mis palabras presurosas, a promesas que no pueda cumplir. Miedo a las traiciones de mi propia alma, de mis manos cansadas de revolver y de buscar. Pero cuando cae la noche, mi voz lo llama en la penumbra, sus labios besan las cicatrices de mis manos, y su cuerpo es un reposo silencioso donde el tiempo no existe, donde mi cuerpo no es más que la continuación del suyo como los negativos de una fotografía.
Todo. Y luego una nada que se llena de a poco, desde mi florido balcón dónde las flores se marchitan.


12 de mayo de 2012

Zig zag

Zig zag, zig zag. Camino como un borracho y escucho el eco de mis zapatos, cuando no lo tapa mi voz.
Zig zag, zig zag. Las paredes y las puerta se van abriendo de par en par, apenas puedo distinguir el horizonte, el saxo, la trompeta, el sexo, la cabeza. Voy andando de a poco, corriendo, tropezando, bailando, siempre en zig zag, zig zag.
Zig zag, zig zag. Yendo y viniendo.
Así, como la felicidad.

9 de mayo de 2012

Cambio

Tenía un zumbido constante en la oreja izquierda, como el aleteo de una conversación borrosa por la distancia o el ruido. La punta de los dedos era un cosquilleo de hormigas coloradas mordiéndome la piel, despacito, sin doler. Se me cruzaba por la cara una sonrisa sospechosa, rara, de esas que hacía mucho no me distinguía y al cruzar la puerta, el corazón galopó como un pálpito. El tiempo se detuvo en el temblor casi incontrolable de las rodillas, y en la columna vertebral podía sentir el frío nervioso de lo inminente. Mentalmente abrí los brazos y me lancé en palomita desde un precipicio donde la velocidad de la caída me despeinaba la piel y las ideas, pude sentir en mis pulmones el aire perfumado de las esperas concretadas y al fín, el agua del cambio y las decisiones me alivió el cuerpo como un bálsamo. El futuro fue entonces una puerta que se abrió de par en par y en mi bolsillo brillaba lustrosa la pequeña llave.

6 de mayo de 2012

Realidad

Fue solo un momento, como un estallido encubierto. Pese a lo que hablábamos, nada tenía que ver con lo que había descubierto. La cabeza iba a más velocidad que el entendimiento, recorriendo sin parar todos los hechos, todas las pruebas. Si hubiese estado más cerca, me hubiese escuchado procesar la realidad que se abría, una vez más, de forma asombrosa. No era lo que quería, ni deseaba, ni esperaba. La vida se me había quedado quieta en las entrañas, un minuto, un momento para que pudiera escuchar lo que sentía. Mi voz llegó desde el pasado como un susurro, una grabación exacta de todo lo que había repetido sin parar, y la piel de la espalda se me erizó en la revelación. Ya no había nada que pudiera ocultar, desnuda frente a mi ser, la verdad resplandecía en la punta de mis dedos.

30 de abril de 2012

Otra Certeza

Pensé que bastaban los rosales sin rosas, la plantación exhaustiva de cactus con espinas, las excusas ridículas. Pensé que eran suficientes los bichos asquerosos que tiré por el camino, los pájaros que convertí en cuervos, la caradurés del raciocinio. Creía que bastaba el silencio y la distancia, los días y las horas de la espera. Creí que ya no era tiempo, que eran de sobra los resentimientos y fantasmas, que eran suficientes las cercas de terquedades. El problema fue cuando te creí que nada podía detener lo que habías empezado.

19 de abril de 2012

El gato que no fué, los caramelos, Camilo y el marciano

Cuando mi hermano me dijo que en su casa se había instalado un marciano, lo miré con la cabeza ladeada  de costado y una media sonrisa que se traducía en "lo entiendo, te hace falta un gato", y le convidé un mate medio lavado y algo frío que era más una excusa para conversar que el invite de algo rico. Convencido de que un gato no podía solucionar su problema de un marciano tomando café con galletitas óreo, me invitó a su casa para que viera con mis propios ojos el habitante del espacio exterior que eligió, de todas las millones de casas desparramadas en la vía láctea, la casa de mi hermano. Más para demostrarle que mejor sería un gato naranja que inventar marcianos, me fuí un día con él desde el trabajo. Llegamos pasadas las cinco de la tarde, justo para merendar, y la verdad moría de hambre. Cuando entramos por el pasillo que antecede la puerta de entrada, noté que en el piso nadaban en el cemento unos barquitos de papel glacé. Cómo la magia es para mi familia más una cosa natural que una sorpresa, me ocupé más de los colores brillantes que del hecho de que estuvieran navegandose solos. Mientras ponía la llave en la cerradura, se dió vuelta y me dijo que ni naranja ni negro el gato, que ni perro ni canario, lo que él quería era un marciano, y estaba en la casa. Lo que necesitás es un buen mate le dije cruzando la puerta abierta, y abierta se me quedó la boca cuando efectivamente un ser de lo más extraño,  se encontraba haciendo globos con papeles de caramelos como si hiciera origami con los dientes. La conmoción me duró una hora entera en el que el singular personaje en cuestión me cebó deliciosos mates amargos con un poco de gusto a tierra y me hizo masajes en el dedo meñique de los pies, cosa que aún no entiendo el sentido, pero me hizo ver todo color verde. Camilo iba y venía ríendose a carcajadas presentando como un mago todos los trucos que el marciano hacía mientras me miraba fijo, muy fijo, y se comía paquetes de óreo sin parar. Cuando se hizo de noche, me despedí en la puerta y al subirme al taxi le grité "Tenés razón, no es un gato, lo que necesito es un marciano!".  Esa noche soñé con miles de pecesitos de colores hechos con papel de caramelos sugus que volaban por el aire. No había más marcianos, así que tuve que querer a dos gatos.

12 de abril de 2012

Lo confieso

Pongo los tickets de envases agarrados con imán en la heladera, pero nunca los llevo cuando voy al supermercado. Me enamoro de toda persona que tenga la capacidad de hacerme reír a carcajadas. Despúes de tender la cama tengo la necesidad de tirarme arriba. Me dan miedo la magnitud de los planetas. Veo dos veces antes de mirar. Me sacudo los pies en las pantorillas antes de entrar en la cama. La gente que no me cae bien es porque no me interesa. Siempre pongo contraseñas fáciles que nunca puedo recordar. Cada vez que ordeno mi casa paro cada 20 minutos a hacer media hora de ocio. Tengo la clara convicción de que los besos si no se dan, se pudren en la boca. Necesito comprarme "lo que sea" cuando cobro el sueldo. Siempre quiese tener el pelo largo y siempre me lo corté. Las traiciones me duelen menos porque las ignoro. Tengo "tareas" anotadas en miles de cartelitos que nunca hago. Cuando no quiero que escuchen lo que pienso, hablo sin parar. Junto miles de revistas y alguna vez, hago un collage. Siempre sueño con agua. Soy una vaga pero sé que las mejores cosas, se hacen con ganas. A veces quiero decir todo lo que pienso pero temo que se asusten.